Falsas Apariencias

El aumento del lujo falsificado

Paseando por las calles de Venecia durante mis vacaciones de verano en Italia, encuentro la tienda de Gucci y, con la intención de echar un vistazo a la colección de otoño, que según parece por el escaparte ya está disponible, decido entrar. Es un buen día de trabajo, una dependienta atiende a un grupo de americanos (bastante escandalosos) y otra está entretenida reuniendo lo mejor de la colección de bolsos para satisfacer a los gustos de una pareja de árabes y su séquito de ayudantes.

Subo a la primera planta para poder admirar la nueva colección y no me decepciona. Los maniquís exhiben elegantes vestidos de lana fina inspirados en los años 50 con una preciosa chaqueta tipo capa a juego, largos guantes de piel y un bolso y un sombrero que completan el look – ¡qué ganas tengo de que sea invierno!

Al salir de la tienda (sin haber realizado ninguna compra), veo que la parte de en medio de la calle peatonal, justo delante de la entrada de la tienda, está llena de vendedores ambulantes con cantidad de bolsos, falsificaciones de grandes marcas de lujo, expuestas sobre mantas de colores. Me sorprende la falta de disimulo de tal exhibición y sólo puedo suponer que la policía local está más que enterada de su presencia.

En los 70 y 80 la industria de las falsificaciones era pequeña, la calidad era bastante mala y los precios baratos, así que no afectaba mucho a las marcas de lujo. Pero todo cambió en los 90 con la democratización del lujo entre las clases medias y con el desarrollo de China como la capital mundial de la producción.  Los comercios del lujo no se podrían haber imaginado que la demanda entre el mercado masivo por lucir logotipos de lujo se podría satisfacer con la compra de productos de imitación que parecen originales.

La industria de productos de lujo de imitación está hoy en día valorada en más de 600 mil millones de dólares, según la IACC (La coalición internacional anti-falsificaciones) en los EEUU. La industria de la moda es la más afectada por las imitaciones, y las falsificaciones representan más del 11% de los productos.

Counterfeiting Luxury: Exposing the Myths (Falsificar el lujo: desenmascarando los mitos) es un informe de investigaciones realizadas por Davenport Lyons (2007) a través de la agencia de investigación Ledbury Research, que solicitó las opiniones de más de 2000 consumidores británicos sobre la falsificación e imitación de marcas, y que reveló que los que disponían de unos ingresos superiores a 50,000 libras eran más propensos a comprar artículos de lujo falsos que los que ganaban menos. Aunque a las autoridades británicas no les pareciese una medida efectiva hacer que fuera ilegal comprar falsificaciones, si que les pareció importante empezar a concienciar al público de que al comprar estos productos estaban ayudando a financiar redes de delincuencia; información que para muchos es motivo suficiente para dejar de comprarlos.

En su libro Deluxe: how luxury lost its lustre (Deluxe: la historia de cómo el lujo perdió su lustre), Dana Thomas afirma que el querer llevar productos que exhiben el logotipo de grandes marcas se puede traducir como un deseo por comunicar riqueza, estatus y elegancia. “El hecho de poder reconocer una marca es demasiado importante. Cuanto más quieras extender tu negocio, más necesitas utilizar tu logotipo,” dijo Miuccia Prada en una entrevista con Thomas. Las marcas de lujo gastan cientos de millones de dólares al año en promocionar su marca, por encima de los productos en sí que son los que han hecho que su logotipo sea tan demandado.

Una persona de ingresos medios no se puede permitir gastarse 1000 € en un bolso de Prada, Gucci o Louis Vuitton cada temporada, y aquí es donde los falsificadores han encontrado su mercado; entre las personas que quieren buena calidad por un precio muy reducido.

El encargado de marketing de Louis Vuitton en Europa me contó que la empresa contrata a más de 300 personas en todo el mundo en su lucha por detener a los ambulantes de las imitaciones y que está empezando a dar sus frutos. Durante los últimos años se han tomados medidas energéticas contra la importación de productos de imitación a los EEUU y Europa, en gran parte procedentes de China.

En Francia por ejemplo, los turistas pillados intentando entrar al país con productos de imitación pueden recibir una multa de hasta 300,000 y una sentencia de hasta tres años de prisión; otros países se están pensando tomar medidas similares.

Los consumidores ingenuos de estos productos de imitación no entienden bien cuál es el impacto de sus acciones. El libro de Thomas concluye que al comprar falsificaciones de productos de lujo, están fomentando la explotación de menores en Asia, financiando el crimen organizado y quizás hasta organizaciones terroristas. “La única manera de poner fin a las falsificaciones es hacer que la gente deje de comprar estos productos por el mero hecho de lucir logotipos, sólo entonces, y sólo así, se detendría,” dice uno de los entrevistados por Thomas.

Si eres de los que sueña con lucir marcas de lujo, existen maneras más asequibles de disponer de un bolso de marca que no implican saltarse ninguna ley (y este tema me lo reservo para otro día). No es lujoso, elegante o chic llevar una prenda de imitación. Los consumidores de las falsificaciones no entienden el verdadero significado del lujo si apoyan a esta industria sórdida y falsa. Espero que con una mejor concienciación lucir falsificaciones empiece a ser motivo de desprecio social.   •

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