La historia detrás de Can Estades

Norbert y Christiane comparten su viaje a través de la hostelería

¡Nunca había querido venir a Mallorca! Era ‘La isla de la fiesta’” comienza Christiane con cierto asombro. “En cambio, yo ya vivía aquí”, continúa Norbert, “y tenía que mostrarle su belleza”. Como era de esperar, esto no llevó mucho tiempo. “La primera vez que Norbert me enseñó la isla, me enamoré”, admite Christiane. 

Estamos sentados en el patio de Can Estades, el hotel que dirigen Norbert y Christiane. Es una maravillosa finca de color miel típicamente mallorquina, construida originalmente en el siglo XVI, pero cuyas raíces se remontan probablemente a la época árabe. Su envidiable ubicación en la cima de una colina ofrece unas magníficas vistas panorámicas del pintoresco paisaje de Calvià. 

Encontrar lo que buscas

“En Múnich era gestora de calidad en una compañía de seguros”, explica Christiane, “pero mi sueño de infancia siempre fue tener un hotel”. La idea también atrajo a Norbert, y comenzó la búsqueda. Pasaron dos años hasta que un día se toparon con unas fotos de Can Estades, y ambos supieron inmediatamente que “¡ese es el elegido!”. “Ninguno de los dos tenía experiencia en el negocio hotelero”, admite Norbert, pero el porte natural de la pareja ayudó a que las cosas encajaran fácilmente. 

Su enfoque fue simplemente recibir a los huéspedes en su hotel como si fueran amigos de visita. “No nos limitamos a alquilar habitaciones”, explican, “queremos que se sientan totalmente como en casa”. Y gracias al hotel han hecho muchos amigos nuevos, mientras que sus muchos huéspedes habituales “¡son más bien miembros de la familia!”

Objetivos espirituales y nuevos horizontes

Aunque el Covid les obligó a cerrar, también les dio tiempo para dedicarse a otras cosas. Christine se había sentido atraída por el Akasha, la creencia en una esencia espiritual de memoria universal en la que está contenido todo lo que somos, en esta vida y en el más allá. “Es de gran ayuda estar abierto a la reencarnación o al mundo espiritual”, admite Christine. La pandemia le dio la oportunidad de estudiar a fondo el fenómeno, y desde entonces se ha convertido en médium y guía en esta práctica. “Por ejemplo, una de nuestras huéspedes, que tristemente falleció, acudió a mí”, recuerda Christine, “y le transmití un mensaje a su marido”.

Norbert también se vio impulsado a llevar a cabo un proyecto denominado “Cha, Cha, Cha” o “ Changes, Challenges, Chances”. Está deseando encontrar un espacio, ya sea un libro o incluso un podcast, donde reunir el amplio abanico de conocimientos adquiridos a lo largo de los últimos 40 años: sobre los negocios, su trabajo en el sector de los eventos y su marcha a Mallorca. “Quiero compartir mi experiencia y mis consejos con el mundo”, explica Norbert, “o al menos con mis hijos, y los hijos de mis hijos”.

Aunque persiguen sus pasiones personales, parece que es a través de la gestión conjunta de Can Estades como Norbert y Christiane que han encontrado realmente su lugar en el mundo. “Si llevas la hospitalidad en el corazón, es algo natural”, sonríe Norbert.