
«Desde muy joven, sentí que el arte era una forma de estar en el mundo, una forma de hacer preguntas y disfrutar de momentos de tranquilidad», afirma Toni Garau. Este artista nacido en Sóller no trabaja con pinceles ni pinturas al óleo, sino con hilo: largos hilos de recuerdos, colores y significados incrustados en el lienzo. Lo que comenzó como un homenaje simbólico a las mujeres de la industria textil de Mallorca se ha convertido en su lenguaje característico, tejiendo poesía visual a través de la repetición, la tactilidad y la lentitud. En manos de Garau, el hilo se convierte en pigmento y movimiento, capturando lo que a menudo queda sin decir y sin ver. Su obra se resiste a la prisa, invitándonos a ralentizar nuestra mirada, a sentir más de lo que interpretamos y a entrar en una forma de conexión más tranquila e intuitiva.
Un lenguaje de la memoria
Formado en diseño industrial y gráfico, el camino de Toni Garau hacia el arte textil fue gradual. El punto de inflexión se produjo en 2010, mientras investigaba la historia industrial de Sóller para un proyecto editorial. «A través de documentos, imágenes y testimonios, descubrí el profundo impacto de la industria textil en la vida del pueblo, especialmente el papel silencioso pero esencial de tantas mujeres que trabajaban en las fábricas», recuerda. Ese momento marcó el inicio de un cambio. Comenzó a incorporar hilo en sus piezas como un gesto simbólico. «Lo que comenzó como un detalle discreto pronto se convirtió en el elemento central de mi lenguaje».
Garau utiliza ahora hilos antiguos, libros de contabilidad de fábricas y bobinas de madera, elementos que antes se consideraban obsoletos, y les da una nueva resonancia. «Sentí la necesidad de recuperar esa energía a través del arte… Muchas personas reconocen algo de sus propias historias en mi trabajo, algo que las conecta con sus abuelas, su infancia, su identidad».
Sus obras no son representaciones literales, sino traducciones visuales de la tranquilidad, los pasados compartidos y la presencia. «El hilo, con su fragilidad e historia, me ofreció una forma de narrar a través de los sentidos, del tacto, la textura y la emoción».
Trabajar despacio, vivir despacio
Para Garau, la forma en que una obra toma forma es tan esencial como la obra en sí misma. «La paciencia no es un obstáculo, es el tempo necesario para que surja el significado», afirma. Trabaja en silencio, sin música ni distracciones, guiado por un color, una luz o una sensación aún sin definir. «Observo e investigo mucho antes de empezar una obra; me tomo mi tiempo para respirar».
El hilo se convierte en su medio, creando texturas sutiles y cambios tonales. «Combino hilos como si estuviera mezclando pigmentos, creando matices físicos que cambian con la luz». La obra se desarrolla a su propio ritmo, al igual que su contemplación. «La lentitud es parte del mensaje: mi obra no se consume rápidamente. Invita al espectador a quedarse, a mirar de otra manera».
La belleza natural de Mallorca, especialmente las montañas de Tramuntana y las puestas de sol invernales, desempeña un papel fundamental en su paleta. «Mallorca está en mi ADN creativo. No podría trabajar de la misma manera sin este sol, este mar, la presencia de la Tramuntana», afirma.
Su serie LLUM exploraba la iluminación como tema y material. «En Mallorca, la luz no es neutra. Tiene una intensidad que lo revela todo, pero también una suavidad que permite la contemplación».
Su serie actual, Memorias en Trama, transforma antiguos libros de contabilidad de fábricas textiles en composiciones intervenidas con hilo. «El archivo, en lugar de ser un registro frío, se convierte en un cuerpo vivo que alberga huellas, impresiones y silencios», afirma. Estas obras transforman registros olvidados de fábricas en artefactos poéticos, preservando historias que durante mucho tiempo han sido ignoradas.
Expuestas de forma permanente en la Galería RED de Palma, las piezas de Garau siguen evolucionando. Sin embargo, siempre se mantienen fieles a la lentitud, la sensibilidad y la fuerza silenciosa del recuerdo. Nos sumerge en una forma más sutil de ver, donde los sentimientos, la intuición y los momentos olvidados afloran suavemente.

