El arte del trenzado mallorquín

Tomeu Perelló nos habla sobre este tradicional arte mallorquín y cómo lo mantiene vivo

Tomeu Parelló

De repente, se hace el silencio. La tranquilidad nos invade, la mente se relaja y las tensiones cotidianas pasan a un segundo plano. Vamos en coche por un camino lleno de baches. El sol baña los campos y solo se oye el piar de los pájaros. Tomeu Perelló, montado en su bicicleta, nos muestra el camino desde Son Macià hasta su finca. Sus perros, Canela y Louvis, se nos unen al acercarnos a la casa, que ha pertenecido a su familia durante generaciones. Aquí Tomeu trabaja en un gran sueño. Con sus propias manos, quiere usar el entorno para crear un refugio natural, un lugar autosuficiente. Y en el corazón de este proyecto se encuentra una antigua tradición: la sillería y cestería, una de las artesanías más antiguas de la historia de la humanidad.

El oficio cautivó a Tomeu a una edad muy temprana. En Mallorca, las sillas hechas con anea trenzada y sauce se han utilizado durante siglos. Los sombreros y cestas de paja son accesorios de uso diario en la isla, y el capazo mallorquín resulta particularmente popular. En los años cincuenta, ese tipo de objetos adquirieron atractivo para la exportación y la isla los produjo en masa. Mujeres, presos y gitanos hacían todo el trabajo manual, algo que Tomeu aprecia.

Madò Maria, una mujer famosa por su talento como tejedora, inició a Tomeu en sus técnicas, pero sus enseñanzas no fueron fáciles. Debido a la gota que padecía en los dedos, se vio obligada a explicarle cada paso oralmente. Tomeu pasó mucho tiempo con ella aprendiendo las diferentes técnicas, así que siente que debe preservarlas. “Mis maestros hoy tendrían más de cien años –explica–, y ya quedan muy pocos”. Lamentablemente, en gran medida, el oficio se ha dejado de practicar y muchas técnicas se han perdido para siempre. Pero Tomeu se esfuerza por revertir la tendencia y tiene en su finca dos espacios dedicados al oficio, uno como taller y otro como sala de exposición. Ahí crea objetos de elevada calidad, cataloga documentos de valor cultural y organiza seminarios. Aun así, dice que su trabajo realmente está en los campos, donde se cosecha la materia prima. Allí, mientras agarra la hierba, explica: “A esto se le llama cortar el pelo, porque la raíz de la planta (la cabeza) se encuentra bajo tierra y queda intacta”.

Cesta Mallorquina

El talento de Tomeu llamó la atención de la Asociación de cesteros de Catalunya y fue invitado a participar en una feria internacional, cosa que luego llevó a proyectos en colegios y colaboraciones con diseñadores y arquitectos. Afortunadamente para Tomeu, las lámparas con pantallas tejidas son cada vez más populares y, además, hay interioristas que integran elementos tejidos en paredes paneladas y techos. Por eso, el negocio prospera y le ha dado a Tomeu la oportunidad de mantener y reformar su finca.

“Ahora es el momento de plantar árboles, crear jardines y recuperar toda la creatividad natural en la finca, para que el ciclo natural pueda fluir armónicamente”. Tomeu espera que todo ello ayude a preparar a sus hijos para combatir en un futuro el cambio climático, un tema que le preocupa profundamente. Él cree que las únicas cosas que necesita son sus manos y un cuchillo bien afilado, y que la naturaleza proporciona el resto. “Mi conciencia está tranquila cuando contribuyo al ciclo natural. No hay ninguna duda de que las futuras generaciones se beneficiarán de ello”.

Fotos: Sara Savage

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