Las memorias de Allegra Huston

Una infancia que transcurrió entre lo más granado de Hollywood.

Un hombre intenta desenredar la larga melena rubia de su hija. Este es uno de los dos únicos momentos vividos entre padre e hija que Allegra Huston recuerda de su extraordinaria infancia. Su padre, John Huston, gozaba de gran poder en la industria cinematográfica pero no logró desenredar el cabello. “Está claro que nunca le habían pedido que hiciera algo así”, comenta. “Nunca había bañado a un bebé y seguro que tampoco había cambiado un pañal”.

No era cariñoso, pero Allegra le adoraba. “Era una especie de dios; esperaba que te comportaras de forma relativamente correcta y que demostraras ser inteligente, pero siempre tenías la certeza de que quería lo mejor para ti”.

Cuando su madre, la bailarina Enrica (Ricki) Soma y cuarta esposa de John, falleció en un accidente de tráfico, ya no estaban juntos. John se hizo cargo de la hija de Enrica, de cuatro años de edad, cuyo padre biológico es el escritor e historiador británico John Julius Norwich, con quien Ricki tuvo una aventura. Allegra atesora algunos recuerdos de su madre y al escribir sus memorias, descubrió que algunos no eran “fiables”.

Recuerda que conoció por primera vez a su famoso padre en el Claridge´s, en Londres. La pequeña Allegra y la mujer a la que llamaba la Enfermera se mudaron a la casa de campo que el director tenía en Irlanda y comenzaron a vivir en la Pequeña Casa (John vivía en la Casa Grande). A esta siguieron varias residencias en Norteamérica y México. No es de extrañar que la joven Allegra se sintiera fuera de lugar al verse rodeada por una constelación de estrellas de Hollywood.

Recuerda vagamente haber jugado al ajedrez con Marlon Brando, pero conserva buenos recuerdos de Jack Nicholson, el novio de Anjelica, cuya voz adoraba. “La voz de papá te convertía en su discípula”, escribió en sus memorias, hábilmente redactadas. “La de Jack, en su cómplice”. Allegra jugaba a menudo con la hija de Jack, Jennifer, en la casa que tenían en Hollywood Hills.

“Solía tirarse a la piscina desde el balcón de su habitación, gritando como un loco”, afirma. “Entonces, Jen y yo le imitábamos y después entrábamos mojadas en casa, para volver a saltar una y otra vez”. Allegra recuerda la obsesión de Jack por coleccionar cuadros y cómo pasaba horas y horas leyendo libros de historia y filosofía cuando no estaba “jugando como un adulto que sabía divertirse”.

Tras estudiar inglés en la Universidad de Oxford, Allegra se adentró en el mundo editorial londinense, trabajando primero en Chatto & Windus, y más tarde como directora editorial para Weidenfeld & Nicolson. Ha trabajado con autores como Edna O’Brien, Iris Murdoch o Jane Goodall y además ha impartido talleres de escritura por todo el mundo.

Sus memorias, tituladas “Hija del amor”, se publicaron en el año 2009. “No quería escribir un libro sobre estrellas de Hollywood, sino sobre el reencuentro de una familia fragmentada. También quería mostrar en qué consiste vivir una vida que tiene grandes vacíos”.

John Julius Norwich le entregó las cartas que Ricki le había escrito, pero tardó más de un año en reunir el valor necesario para leerlas:
“Era lo que más miedo me daba.

No quería descubrir que solamente se había tratado de una simple aventura”. Al contrario, Allegra descubrió que fue el fruto de un “amor verdaderamente apasionado”. Su madre sentía verdadera alegría, palabra que constituye la traducción en español del nombre de la autora.

En la actualidad, Allegra (cuya primera novela “Say my Name”, muy aclamada por la crítica, acaba de publicar Harper Collins) vive en Taos, Nuevo México, un pueblo de mil años de antigüedad y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Mallorca se parece a Taos en el sentido de que también atrae a personas muy creativas. Allegra está deseando viajar hasta Deià en octubre para impartir un taller sobre escritura de memorias de cinco días de duración en Belmond la Residencia.

Allegra aprendió mucho “generando material” para sus memorias. “Me di cuenta de que mi propósito como escritora es mantener viva la posibilidad de que la reconciliación y el amor venzan al resentimiento, el enfado y las circunstancias adversas”. Aunque Allegra Huston no conserva muchos recuerdos de su madre, su vida se ha enriquecido al mantener una estrecha relación con dos familias. “Me hizo el regalo más preciado”.

Photos por Jeff Rayner y proporcionadas por Allegra Huston