Cristina Macaya – Socialite de Mallorca

La reina de la sociedad mallorquina y anfitriona de las fiestas más exclusivas

Cristina López de Mancisidor (madrid, 1945) más conocida por el apellido de su marido, Javier Macaya, con quien tuvo a Sandra, Cristina, Javier y a María, unos hijos que nos dice “han salido muy buenos” y que le han dado 17 nietos.

De extraordinaria modestia y sencillez, se quita mérito a pesar de haber estado al frente de la Cruz Roja durante 11 años y haber creado el “Sorteo del Oro” garantizando la financiación permanente de sus actividades de socorro, de haber sido premiada en 2006 con el reconocimiento Women Together de Naciones Unidas por su trabajo para mejorar las condiciones de vida de mujeres encarceladas con sus hijos mediante la construcción de una unidad de madres y, de estar volcada en Proyecto Hombre, una organización dedicada al tratamiento y prevención de las drogodependientes presidida por el sacerdote Tomeu Catalá. No sorprende descubrir su parentesco con Jean Lafitte, un conocidocorsario francés que participó en la guerra anglo-estadounidense de 1812, unos orígenes bucaneros que probablemente le han dotado de la valentía con la que afronta la vida. Admiradora del mundo del arte, posa para esta entrevista con una de las muchas esculturas repartidas por toda su casa realizadas por el artista Pep Canyelles (www.pepcanyelles.com). En su finca de Es Canyar en la que lleva más de 20 años, ha recibido a personalidades como Bill Clinton y su familia, los Duques de Kent, los Príncipes de Mónaco, Carlos Fuentes, Michael Douglas, Gwyneth Paltrow, Van Morrison, Valentino, y un largo etcétera. Sin embargo, a Crístina, le gusta la gente en general, sus amigos la adoran, y en su casa se mezclan personas de todos los ámbitos y diferente escalafón social. Hija de padre gallego y madre sevillana, su familia es originariamente vasca “me influye mucho la parte gallega y vasca, la sevillana en todo caso, porque soy juerguista”.

Pero los sevillanos son también generosos. Generoso se nace, aunque en algunos casos la generosidad es egoísmo. Eres generoso porque has tenido suerte en la vida, y que aun habiendo pasado momentos difíciles, tienes un balance positivo. Entonces piensas que lo mínimo que puedes hacer es ayudar a los que tienen más negativo. Mi mayor suerte es que soy optimista y que cuando me pasa algo, lo asumo de inmediato y tengo una actitud positiva. El problema de mucha gente es que asumir, less cuesta mucho trabajo.

¿Como conoció a Tomeu Catalá?

Tuve la suerte de conocerlo al bautizar a una de mis nietas hace muchos años, a partir de ahí nos hicimos muy amigo y es un regalo de la vida. Es un hombre al que admiro muchísimo.

Y empezó a apoyar su proyecto.

El que más trabaja es él, yo no hago mucho, sólo le apoyo en todo lo que puedo porque se lo merece todo y está dedicado en cuerpo y alma. Tomeu tiene una fuerza y una mezcla  muy bonita de humanidad y de dureza muy rara de encontrar. Tratar con gente que está enferma, que sufre el problema de la drogadicción y que incluso a veces han estado en la cárcel, precisa de mucha disciplina. Tomeu además, transmite una paz inmensa.

¿Cómo sigue la construcción del nuevo centro de Proyecto Hombre?

Está en parte construido pero hace falta pagarlo. Vamos trabajando en ello y está bastante avanzado. Tuvo un momento difícil por la situación económica pero hemos tenido la suerte de que ha habido una gran generosidad por parte de todos a los que hemos acudido.

¿Está involucrada en otras causas?

En las islas hay bastantes afectados por el síndrome de la fatiga crónica, una enfermedad poco conocida y comprendida. Hace un tiempo me nombraron presidenta de la asociación y justo hoy recibimos a un especialista de Barcelona, que les atenderá en un consultorio de la Cruz Roja. No soy muy disciplinada, pero si responsable y me gusta la acción. Sirvo para ver un problema o una situación difícil e intentar arreglarla sin pensar, yo entro en la acción directa. También soy patrona de la Fundación Yannick y Ben Jackober, unas personas que han demostrado una gran generosidad hacia la isla y que legan un patrimonio artístico extraordinario.

El ser humano en general, ¿es solidario?

Hay de todo. Pero hay que serlo. Hay personas que lo son de entrada y otras muchas que precisan sufrir una experiencia difícil o darse cuenta de lo importante que es sentir que estás rodeado de cariño y gente que te ayuda cuando las cosas se te complican. La vida en general es difícil.

Hay gente que piensa que a las causas solidarias sólo se pueden dedicar “las pijas con dinero” que organizan charities.

Eso es una teoría. Yo nunca he sido muy partidaria de organizar fiestas solidarias, soy de fiestas con mis amigos para reírme porque ya bastante tiene uno en la vida como para estar llorando todo el día. Yo creo más en sacar adelante los proyectos de forma profesional, como una empresa y autofinanciarme. En especial cuando haces un programa y hay una serie de personas que dependen de esa organización.

¿Hay que tener un don de gentes especial para convencer?

Más que don de gentes, hay que creer en la gente. Cuando una persona sale complicada o me falla, me sorprende. Nunca he perdido un amigo, y si algo sale mal, pienso en que me he equivocado yo. Todo el mundo tiene un lado bueno pero hay que saber  sacárselo con la actitud positiva, sin desconfiar.

Siempre pregunto a todos mis entrevistados qué les atrajo de Mallorca.

Me gustó la belleza de la isla, la calidad de vida, los mallorquines que siempre han sido conmigo muy educados, amables y cariñosos. Estoy muy contenta aquí y me siento como en casa. Al llegar no conocía casi a nadie pero ahora estoy totalmente integrada. Todo lo que puedo decir es  positivo y llevo aquí 22 años.

¿Qué es lo que más le gusta hacer?

A mi lo que más me gusta es vivir.