La vuelta de Sebastian Pons; de la alta costura al campo

El famoso diseñador mallorquín vuelve a sus raíces

Sebastian Pons

La expresión en Mallorca es la pedra estira. Traducido al castellano, “la piedra estira” hace referencia al gran número de mallorquines que dejan la isla y, independientemente de lo lejos que vayan, acaban volviendo a Mallorca.

La gravitación de la isla puede explicar por qué el diseñador de moda mallorquín Sebastián Pons volvió secretamente al pueblecito mallorquín de S’Alqueria Blanca en pleno auge de su carrera en Nueva York, cuando fue galardonado con el premio CFDA como diseñador del año y le dieron la carpa grande para su última colección en la semana de la moda Mercedes Benz. “Cuidado con lo que sueñas. Puede hacerse realidad”. Después añade entre risas: “También tenía problemas con el visado”.

Su finca familiar, donde actualmente vive y trabaja, ha cambiado ligeramente pasadas cuatro generaciones. Con una decoración decididamente a la antigua, mobiliario de madera pesada y típicos adornos familiares, esa casa no es tanto un escaparate para Pons, sino más un regreso simbólico a sus raíces creativas y ancestrales.

Ha montado un taller, en la mismísima habitación donde pasó las tardes de su infancia recortando patrones de la revista Burda de trajes inspirados en Jacqueline Kennedy con su madre y su tía.

En la década de 1970, los vecinos de la familia Pons eran unos bohemios argentinos un artista y una ceramista que enseñaron al pequeño Sebastián el torneado de cuencos y le dieron una educación artística mediante los libros y la música. “Mallorca era un lugar utópico, y (habiéndome criado aquí) personas de todo el mundo venían para que se convirtiera en su vida real, algo interesante. Despertó mi curiosidad”.

Según nos cuenta, su infancia fue idílica. Viene de una familia agraria mallorquina muy unida que le inculcó la importancia de estar arraigado a un sitio y permanecer conectado con la tierra.

De adolescente ya sabía que quería ser diseñador de moda. En 1991 Pons recibió una beca para asistir al prestigioso programa de moda Central Saint Martin’s en Inglaterra. Sin hablar nada de inglés, llegó al centro de Londres y se vio inmerso en un riguroso máster con sus compañeros Stella McCartney, Matthew Williamson y Alexander McQueen. A medida que se volvió más urbano, sus expresiones creativas empezaron a hacer referencia a Mallorca. “Cuando no tenía dinero para el arte, pintaba con ceniza y arcilla, a mi profesor le encantaba y me compró todos los cuadros”, recuerda Sebastián.

Pons empezó a trabajar con “Lee” (como le llaman sus amigos) Alexander McQueen, estampando telas en el taller de impresión de la escuela para las colecciones de prêt-à-porter de los diseñadores.

Cuando a McQueen le ofrecieron ser jefe de diseño en Givenchy sustituyendo a John Galliano, le pidió a Pons que le acompañara. “Lee me dijo, tú entiendes cómo trabajo y cómo soy emocionalmente, por eso quiero que seas mi asistente en París”. Y fue un momento histórico en el mundo de la moda: “Cambió la moda para siempre”, dice Pons.

Muchache Collection

Pons dejó a McQueen en el 2000, mudándose a Nueva York, donde diseñó varias colecciones aclamadas por la crítica bajo su propia marca, Sebastián Pons.

Volviendo a España cada temporada en busca de inspiración, sus colecciones incluyen minis de flamenco y bombachos de monaguillo de la Inquisición. Vogue hizo una reseña de sus colecciones, alabando su obra y denominándole “Un diseñador para ser observado”.

En 2009 regresó a su casa familiar definitivamente después de la muerte de su padre. Al año siguiente, Alexander McQueen se suicidó en el punto culminante de su carrera por depresión y rumores infundados de VIH y consumo de drogas. El mundo de la moda quedó plenamente conmovido. A Pons le partió el corazón, y parece que fue un punto de inflexión en su vida. Se retiró de la moda a Mallorca durante varios años.

Tardaron tres años en convencerle, pero finalmente Pons colaboró con los directores Peter Ettedgui e Ian Bonhote para el documental McQueen, estrenado este verano con excelentes críticas. Mientras tanto, Pons ha trabajado mucho en su estudio para un nuevo proyecto, Muchache – una neutralización de género de la palabra muchacho/a, inclinándose a la nueva fluidez de identidad de género y sexual en el mundo de la moda, siendo todas sus prendas de talla única y para todos.

Muchache es el regreso de Pons a su oficio tras una interrupción. Es una retrospectiva de textiles y patrones que ha diseñado y coleccionado durante casi más de 30 años en la industria de la moda. Ha recuperado las siluetas favoritas a su propio diseño, y ha impreso sus textiles en la isla. No vende por Internet, ni tiene la intención.

Quiere reintroducir una sensibilidad en las prendas. “Tenemos armarios llenos de ropa y no tenemos ninguna conexión con ellas, para mí Muchache es algo diferente”. Las túnicas de coloridos estampados y vestidos cortos y asimétricos Muchache utilizan prácticas éticas 0km, todo está elaborado artesanalmente en Mallorca: su madre y su tía vuelven a coser con él.

Photos by Sara Savage & Muchache

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